Civilizaciones (indígena, mestiza) que coexistieron para construir una realidad poliétnica, en la que se pretendió que la civilización mestiza fuera casi la única presente y reconocida en términos de igualdad. Todo ello garantizaba la estabilidad política y social del país, cuyo intento de desaparición fue violentamente rechazado e incluso reprimido a través de las políticas de tolerancia. Además, dicho reconocimiento activó y multiplicó las formas de discriminación.
Desmitificar y descubrir la vida poliétnica que ha
acompañado al mestizaje; en este sentido, es imperativo reconocer a los pueblos
originarios como auténticos ciudadanos plurales en la vida del país, con miras
a crear una conciencia individual y colectiva sólida como entidad nacional y
como individuo distinto. Y así, construir nuevas formas institucionales,
políticas, jurídicas y educativas que garanticen una igualdad sustantiva para
cada grupo con base en el respeto y reconocimiento que merece, pero sin dejar
de formar parte de la nación. En ese sentido, propone la EIB, cuyo propósito
consiste en estudiar los modos de vida de los pueblos originarios para
propiciar sus saberes y habilidades, a fin de que conserven su identidad
cultural y puedan participar en las dinámicas de un Estado pluricultural cuyo
proceso permite comprender la diversidad socioeconómica, cultural y religiosa
de la población, descentralizar la toma de decisiones, compartir el poder
político, la riqueza nacional y el desarrollo tecnológico. (Págs. 502-503)
4.1. Resumen de la lectura
El artículo plantea la necesidad de la educación
intercultural y la educación desde una perspectiva transcultural en el contexto
de México. Tanto el principio intercultural como el principio transcultural
postulan la necesidad de conocer al otro para comunicarse, teniendo presente en
la época de la globalización que aprender acerca de los otros conlleva la
conciencia de que la realidad de cada uno, por más exótica y distante que
parezca, guarda algún sentido, valor y futuro para nosotros.
En México, no se puede hablar únicamente de educación
intercultural que partiría desde la perspectiva de un solo grupo
étnico-nacional. Se hace imprescindible el concepto de transculturalidad,
considerando que el número de grupos que coexisten en el país es tan amplio que
no existe un solo grupo que represente la nacionalidad en su totalidad. Y menos
si se tiene presente que en la realidad cada grupo nacional es un mosaico
cultural donde son evidentes las influencias recibidas.
Como individuos, cada persona pertenece a culturas
diferentes simultáneamente, lo cual supondría una alusión a la "identidad
múltiple", pero también similares que dictarían el horizonte común. En el
caso del Estado, cada nación reúne un abanico de diferentes etnias y culturas,
pero al mismo tiempo reconocen un origen común sugiriendo una suerte de
"identidad común". En ambos casos, cabría hablar de que sus miembros
se constatan a partir de relaciones de afinidad, pero especialmente por
diferencia a ciertos referentes compartidos simbólicamente. Prueba de esta
situación se muestra con las evaluaciones externas ya vigentes, como la PISA,
pero también en los exámenes nacionales se muestran dichas diferencias.
4.2. Principales aportaciones teóricas
La educación intercultural, de acuerdo con Melko (1991, en:
KAUFMAN, 1997), es aquella "educación destinada a llevar a los individuos
a una doble toma de conciencia; por un lado, hacerles conscientes de su propia
cultura, de sus raíces, tradiciones y costumbres, y por otro, hacerles
conscientes de la existencia de los otros, de otras formas y modos de vida,
permitiéndoles comprenderlos, respetarlos y cooperar más eficazmente en un
mundo interdependiente". Así, el respeto y valoración de todas las
manifestaciones culturales son básicas para la implementación de recursos
(curriculares, ocio, comunidad...) adaptados a las características de los niños
y niñas, sus familias y entorno, pero lo son en cualquier concepción de escuela
para prevenir actitudes de marginación e intolerancia y promover sólidas
actitudes de convivencia (Rey, 2006).
Desde la década de los '90 ha ido cobrando protagonismo el
estudio y trabajo con las llamadas culturas escolares (Whal y Kennedy, 1992),
desde donde se aboga por tener en cuenta las diversas formas en que las
diferentes personas y grupos humanos acceden al conocimiento transmitido en las
escuelas (miyares, 2005: 131). Esta consideración sobre la necesaria adaptación
de los lenguajes, las técnicas de aprendizaje, los instrumentos de evaluación y
los métodos didácticos en general a la realidad sociocultural de los alumnos es
uno de los principales retos que conlleva, a nuestro juicio, la implementación
de la educación intercultural en la educación para el desarrollo y superación
de la realidad culturalmente desigual y excluyente.

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